Tratamientos crónicos en verano: qué debemos revisar desde la farmacia

El verano puede alterar rutinas, horarios, alimentación y viajes.
Y todo eso puede afectar al uso correcto de los tratamientos crónicos.
Además, las altas temperaturas pueden aumentar el riesgo de deshidratación y complicaciones en algunas personas, especialmente mayores, polimedicadas o con enfermedades crónicas.
Desde la farmacia podemos ayudar a revisar la medicación, explicar cómo conservarla y detectar situaciones que necesitan valoración sanitaria.
1. No modificar el tratamiento por cuenta propia
Este debería ser el primer mensaje.
Ante una ola de calor no se deben suspender, reducir o cambiar medicamentos simplemente porque “hace mucho calor”.
Algunos tratamientos pueden necesitar una valoración individual, pero cualquier modificación debe realizarse por un profesional sanitario.
La AEMPS recomienda revisar la medicación en personas vulnerables, pero no hacer ajustes sistemáticos sin valorar cada caso.
Puedes consultar la información oficial sobre medicamentos y calor de la AEMPS.
2. Revisar especialmente a las personas polimedicadas
El riesgo aumenta cuando coinciden:
- Edad avanzada.
- Enfermedades crónicas.
- Varios medicamentos.
- Altas temperaturas.
- Problemas para mantener una hidratación adecuada.
Algunos medicamentos pueden favorecer la deshidratación, alterar la función renal o interferir con la capacidad del organismo para adaptarse al calor.
Desde farmacia puede ser útil preguntar:
- ¿Qué medicamentos utiliza?
- ¿Ha aparecido mareo o debilidad?
- ¿Está bebiendo con normalidad?
- ¿Ha cambiado la tensión arterial?
- ¿Ha tenido vómitos o diarrea?
- ¿Ha reducido la ingesta?
3. Cuidado con los diuréticos
Los diuréticos pueden favorecer la pérdida de agua y electrolitos.
Eso no significa que deban suspenderse durante el verano.
Sí significa que, en una persona vulnerable que presenta:
- Mareos.
- Debilidad.
- Hipotensión.
- Deshidratación.
- Menor ingesta de líquidos.
conviene recomendar valoración sanitaria.
La AEMPS indica que, cuando se utilizan diuréticos durante periodos de calor intenso, debe prestarse especial atención a que la ingesta de líquidos y sodio sea adecuada para la situación clínica.
4. AINEs y deshidratación
Ante una persona deshidratada, los antiinflamatorios no esteroideos pueden aumentar el riesgo de complicaciones renales.
Por eso, no conviene responder automáticamente a cualquier dolor de verano con un AINE sin valorar el contexto.
Especialmente si existe:
- Edad avanzada.
- Enfermedad renal.
- Insuficiencia cardiaca.
- Tratamiento con diuréticos.
- Vómitos o diarrea.
- Signos de deshidratación.
Puedes ampliar el uso seguro de estos medicamentos en el curso de AINEs de Liceo de Farmacia.
5. Algunos psicofármacos también requieren atención
La AEMPS ha publicado recomendaciones específicas sobre psicofármacos y calor.
Algunos pueden interferir con la termorregulación o reducir la percepción de malestar asociada al calor.
También existe una situación especialmente importante con el litio, ya que los cambios importantes en hidratación y sodio pueden modificar sus concentraciones y aumentar el riesgo de toxicidad.
Desde farmacia conviene recordar:
no modificar la dosis, mantener las recomendaciones de hidratación indicadas y consultar si aparecen síntomas nuevos o importantes.
6. Conservar correctamente los medicamentos
El calor también puede afectar a la conservación.
La primera recomendación es sencilla:
leer el envase y el prospecto.
La AEMPS distingue principalmente:
- Medicamentos que deben conservarse entre 2 y 8 ºC.
- Medicamentos que deben mantenerse por debajo de 25 o 30 ºC.
- Medicamentos sin condiciones especiales de conservación.
Los que necesitan entre 2 y 8 ºC deben mantenerse en nevera.
En cambio, no todos los medicamentos necesitan refrigerarse simplemente porque haga calor.
7. No dejar medicamentos dentro del coche
Este es uno de los errores más habituales durante los viajes.
El interior de un vehículo expuesto al sol puede alcanzar temperaturas muy elevadas.
Por eso, la AEMPS recomienda evitar dejar los medicamentos durante mucho tiempo en:
- Maleteros.
- Guantera.
- Habitáculo del vehículo al sol.
Los medicamentos refrigerados deben transportarse respetando la cadena de frío, utilizando un embalaje adecuado y evitando que lleguen a congelarse.
8. Especial atención a insulinas y otros medicamentos refrigerados
Una persona con diabetes que viaja debe planificar cómo transportar y conservar su tratamiento.
En general:
- Respetar las indicaciones de conservación.
- Evitar exposición directa al calor.
- No dejar el medicamento en el coche.
- No colocar directamente junto a placas de hielo si existe riesgo de congelación.
- Consultar las condiciones concretas del medicamento.
Las instrucciones pueden variar entre productos.
Para comprobarlas, puede utilizarse CIMA de la AEMPS.
También puedes ampliar el consejo farmacéutico en el curso de Diabetes de Liceo de Farmacia.
9. Viajar con medicación crónica
Antes de salir de viaje conviene comprobar:
- Que existe medicación suficiente.
- Que se lleva un pequeño margen adicional.
- Que los medicamentos van en su envase original.
- Que las condiciones de conservación pueden mantenerse.
- Que se dispone de la documentación necesaria cuando corresponda.
Si se viaja en avión, suele ser preferible llevar los medicamentos esenciales en el equipaje de mano, especialmente aquellos que no pueden interrumpirse.
También es útil preparar una lista actualizada con:
principio activo + dosis + pauta.
10. Los cambios de rutina afectan a la adherencia
Viajes, comidas diferentes y cambios de horario pueden hacer que aparezcan olvidos.
Algunos usuarios pueden pensar:
“Estoy de vacaciones, ya lo retomaré cuando vuelva.”
Pero un tratamiento crónico no debería interrumpirse por ese motivo.
Desde la farmacia podemos recomendar:
- Alarmas.
- Pastilleros cuando sean adecuados.
- Asociar las tomas a rutinas fáciles de recordar.
- Preparar la medicación antes del viaje.
Si existen dudas por un cambio horario importante, lo correcto es revisar el medicamento concreto y evitar improvisar la pauta.
¿Qué hacer si se olvida una dosis?
No existe una respuesta universal.
Depende del medicamento.
En algunos casos puede tomarse cuando se recuerda.
En otros hay que esperar a la siguiente dosis.
Y duplicar una dosis puede ser peligroso.
Por eso:
no recomendar de forma general “tómala en cuanto te acuerdes”.
Conviene consultar el prospecto o la ficha técnica del medicamento en CIMA.
Señales de alarma ante el calor
Una persona con tratamiento crónico necesita especial atención si aparecen:
- Confusión.
- Somnolencia importante.
- Desmayo.
- Debilidad intensa.
- Temperatura corporal elevada.
- Dificultad para beber.
- Vómitos persistentes.
- Signos claros de deshidratación.
- Empeoramiento importante de su enfermedad.
Ante una posible situación de golpe de calor, la prioridad es la atención sanitaria urgente.
El Ministerio de Sanidad mantiene activo cada verano su plan frente al exceso de temperaturas; en 2026 está activado desde el 13 de mayo hasta el 30 de septiembre.
El papel de la farmacia en verano
Nuestra actuación puede resumirse en:
Revisar la medicación.
Reforzar la adherencia.
Explicar la conservación.
Preparar los viajes.
Detectar deshidratación y señales de alarma.
Evitar cambios de tratamiento sin valoración profesional.
El verano no obliga a modificar automáticamente los tratamientos crónicos.
Pero sí es un buen momento para prestar más atención a cómo se utilizan, cómo se conservan y cómo afectan el calor y los cambios de rutina a las personas más vulnerables.