Probióticos, prebióticos y simbióticos: ¿cuáles son sus diferencias?

Probióticos, prebióticos y simbióticos son términos cada vez más habituales cuando hablamos de salud intestinal, microbiota y suplementación.

Aunque pueden parecer similares, no significan lo mismo.

Unos son microorganismos vivos, otros son sustancias utilizadas por determinados microorganismos de nuestro organismo y los simbióticos combinan ambos conceptos de una forma concreta.

Conocer sus diferencias es especialmente importante desde la farmacia para evitar recomendaciones genéricas y elegir la opción más adecuada según las necesidades de cada usuario.

¿Qué son los probióticos?

Los probióticos son microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, proporcionan un beneficio para la salud.

Esta es la definición de consenso utilizada actualmente por organismos científicos internacionales.

Por tanto, no basta con que un producto contenga bacterias vivas para considerarlo probiótico.

Debe existir evidencia de que ese microorganismo concreto, utilizado en una cantidad adecuada, produce un beneficio para la salud.

Los probióticos más conocidos pertenecen a determinados grupos de bacterias, como Bifidobacterium, aunque existen diferentes géneros, especies y cepas.

Y esta diferencia es importante.

No todos los probióticos son iguales

Hablar simplemente de “un probiótico” puede ser demasiado genérico.

Dentro de una misma especie pueden existir diferentes cepas, y sus efectos no tienen por qué ser iguales.

Por eso, a la hora de valorar un producto conviene conocer:

  • Género.
  • Especie.
  • Cepa.
  • Cantidad de microorganismos.
  • Condiciones de conservación.
  • Evidencia disponible para el uso que se pretende recomendar.

Dos productos que indiquen que contienen probióticos pueden tener composiciones y finalidades muy diferentes.

Desde la farmacia, por tanto, no deberíamos recomendar únicamente por el número de cepas o por la cantidad de microorganismos que aparece en el envase.

La evidencia asociada a cada formulación es mucho más importante.

¿Qué son los prebióticos?

Los prebióticos no son microorganismos.

Son sustancias que son utilizadas de forma selectiva por determinados microorganismos del organismo y que, como consecuencia, proporcionan un beneficio para la salud.

Entre los prebióticos más conocidos encontramos:

  • Inulina.
  • Fructooligosacáridos o FOS.
  • Galactooligosacáridos o GOS.
  • Determinados oligosacáridos de la leche humana.

Algunos pueden encontrarse de forma natural en alimentos como ajo, cebolla, puerro, espárragos, plátano, cereales o legumbres.

Sin embargo, aquí existe otra confusión frecuente.

¿Toda la fibra es prebiótica?

No.

Aunque muchos prebióticos son tipos de fibra, no todas las fibras pueden considerarse prebióticas.

Para recibir esa consideración deben cumplir determinados criterios, entre ellos ser utilizadas selectivamente por microorganismos del huésped y demostrar un beneficio para la salud.

Por eso, utilizar “fibra” y “prebiótico” como si fueran sinónimos no es correcto.

La International Scientific Association for Probiotics and Prebiotics explica esta diferencia en su definición actual de prebiótico.

Probióticos y prebióticos: ¿cuál es la diferencia?

La forma más sencilla de recordarlo es esta:

Probiótico: es un microorganismo vivo que, utilizado en la cantidad adecuada, proporciona un beneficio para la salud.

Prebiótico: es una sustancia que determinados microorganismos utilizan de forma selectiva y que también genera un beneficio para la salud.

Por tanto:

El probiótico es el microorganismo.
El prebiótico es el sustrato que utilizan determinados microorganismos.

Pero existe todavía un tercer concepto: los simbióticos.

¿Qué son los simbióticos?

Los simbióticos son mezclas que contienen microorganismos vivos y uno o varios sustratos utilizados selectivamente por los microorganismos del huésped y que, conjuntamente, proporcionan un beneficio para la salud.

Esto es importante porque actualmente no basta con mezclar cualquier probiótico con cualquier prebiótico para poder afirmar automáticamente que estamos ante un simbiótico eficaz.

La combinación debe estar diseñada y respaldada para aportar un beneficio.

Los consensos científicos actuales distinguen incluso diferentes tipos de simbióticos según la relación que exista entre sus componentes.

En la práctica, lo más importante desde la farmacia es entender que el objetivo de un simbiótico es combinar microorganismos y sustratos dentro de una formulación que tenga una finalidad concreta.

Probiótico, prebiótico y simbiótico: resumen rápido

La diferencia puede resumirse así:

Probióticos
Microorganismos vivos con un beneficio demostrado cuando se administran en cantidades adecuadas.

Prebióticos
Sustancias utilizadas selectivamente por determinados microorganismos y capaces de aportar un beneficio para la salud.

Simbióticos
Combinaciones de microorganismos vivos y sustratos que proporcionan conjuntamente un beneficio para la salud.

Aunque están relacionados, no son intercambiables.

¿Qué relación tienen con la microbiota intestinal?

La microbiota intestinal está formada por una enorme comunidad de microorganismos que habitan nuestro aparato digestivo y participan en diferentes funciones del organismo.

Probióticos y prebióticos pueden influir en este ecosistema, pero no significa que cualquier producto que prometa “equilibrar la microbiota” tenga necesariamente la misma evidencia.

Por eso, es importante diferenciar entre mensajes comerciales y beneficios que realmente hayan sido estudiados.

Si quieres comprender mejor cómo funciona el intestino y cómo trasladar este conocimiento al mostrador, el curso de El intestino de Liceo de Farmacia incluye un apartado específico sobre fitoterapia y probióticos en salud intestinal, además del abordaje de diarrea, estreñimiento y síndrome de intestino irritable.

¿Para qué se utilizan los probióticos?

Los probióticos se han estudiado en numerosas situaciones relacionadas con la salud digestiva y otros ámbitos.

Sin embargo, no puede atribuirse el mismo beneficio a todos los probióticos.

Los resultados dependen de factores como:

  • La cepa utilizada.
  • La dosis.
  • La duración.
  • La situación clínica.
  • La edad del usuario.
  • La combinación de microorganismos.

Por ejemplo, determinadas formulaciones se han estudiado en relación con algunos tipos de diarrea, mientras que otras se utilizan en situaciones relacionadas con la microbiota intestinal o vaginal.

En el curso de Diarrea de Liceo de Farmacia se trabaja específicamente el papel de los probióticos dentro del abordaje de la diarrea, incluida la asociada al uso de antibióticos.

También existen situaciones más concretas, como el SIBO, donde la utilización de probióticos debe valorarse dentro de un abordaje mucho más amplio y adaptado a cada caso.

Probióticos y microbiota vaginal

Los probióticos no se estudian únicamente en el intestino.

También existen formulaciones destinadas al cuidado de la microbiota vaginal, especialmente en determinados desequilibrios.

De nuevo, no debemos asumir que cualquier probiótico sirve para esta finalidad.

La elección de microorganismos y cepas debe responder al objetivo para el que se ha desarrollado el producto.

En el curso de Vaginosis y Candidiasis de Liceo de Farmacia se profundiza en microbiota vaginal, tratamientos y el papel que pueden tener determinados probióticos dentro del consejo desde farmacia.

¿Qué debemos mirar al elegir un probiótico?

Cuando un usuario solicita un probiótico, no deberíamos empezar preguntando únicamente qué marca quiere.

Conviene conocer primero para qué quiere utilizarlo.

Después podemos valorar aspectos como:

  • Cepas incluidas.
  • Cantidad de microorganismos.
  • Indicación.
  • Edad del usuario.
  • Duración recomendada.
  • Forma de conservación.
  • Tratamientos concomitantes.
  • Evidencia disponible.

La Organización Mundial de Gastroenterología recoge en sus directrices sobre probióticos y prebióticos que la utilidad clínica debe relacionarse con cepas, dosis e indicaciones concretas.

¿Más cepas significa un mejor probiótico?

No necesariamente.

Un producto con muchas cepas no tiene por qué ser mejor que otro con una sola.

Lo importante es que las cepas utilizadas y las cantidades administradas estén respaldadas para la finalidad buscada.

Lo mismo ocurre con el número de unidades formadoras de colonias.

Una cifra muy elevada en el envase puede llamar la atención, pero por sí sola no garantiza una mayor eficacia.

Por eso, la recomendación profesional debe ir más allá de comparar números.

Probióticos y nutracéuticos en farmacia

El crecimiento de la categoría de complementos nutricionales hace que cada vez aparezcan más productos relacionados con microbiota, digestión y bienestar intestinal.

Esto aumenta también la necesidad de diferenciar entre productos y saber interpretar correctamente sus composiciones.

En el curso de Nutracéuticos de Liceo de Farmacia se incluye formación específica sobre suplementos probióticos y su recomendación desde la farmacia.

De esta manera, el consejo no se basa únicamente en conocer qué es un probiótico, sino en saber cuándo puede tener sentido recomendarlo y qué características debemos valorar.

El papel de la farmacia

Probióticos, prebióticos y simbióticos son productos cada vez más presentes en el mostrador, pero precisamente por eso debemos evitar recomendaciones demasiado generales.

Antes de recomendar conviene saber:

  • Qué problema quiere abordar el usuario.
  • Si existen síntomas persistentes.
  • Qué tratamientos está siguiendo.
  • Qué producto está considerando.
  • Qué evidencia existe para esa indicación.
  • Si existen motivos para derivar.

El objetivo no es buscar “el mejor probiótico” de forma universal.

Es encontrar la opción adecuada para una necesidad concreta.

Probióticos, prebióticos y simbióticos: tres conceptos que no debemos confundir

Probióticos, prebióticos y simbióticos están estrechamente relacionados con el estudio de la microbiota, pero representan conceptos diferentes.

Los probióticos son microorganismos vivos, los prebióticos son sustratos utilizados selectivamente por determinados microorganismos y los simbióticos combinan ambos elementos con el objetivo de proporcionar un beneficio para la salud.

Desde la farmacia, conocer estas diferencias nos permite ir un paso más allá del nombre del producto y ofrecer una recomendación basada en la composición, la evidencia y las necesidades reales del usuario.