Diferencias entre medicamentos EFP, EFG y OTC: ¿qué significa cada término?

EFP, EFG y OTC son siglas que aparecen con frecuencia cuando hablamos de medicamentos en farmacia. Sin embargo, no significan lo mismo y algunas, como EFP, ni siquiera forman parte ya de la terminología oficial actual.
¿Un medicamento OTC es lo mismo que un EFP? ¿Todos los medicamentos genéricos son EFG? ¿Puede un medicamento sin receta anunciarse al público?
Vamos a aclarar las diferencias entre medicamentos EFP, EFG y OTC y qué debemos tener en cuenta desde la farmacia.
¿Qué significa EFP?
Las siglas EFP hacían referencia a las antiguas Especialidades Farmacéuticas Publicitarias.
Se utilizaban para identificar determinados medicamentos que podían ser objeto de publicidad dirigida al público general.
Sin embargo, esta denominación quedó obsoleta hace años. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) suprimió la calificación de medicamento publicitario y las siglas EFP del etiquetado tras los cambios legislativos introducidos en 2009 y 2010.
Por tanto, actualmente es más correcto hablar de medicamentos no sujetos a prescripción médica que pueden ser objeto de publicidad al público, siempre que cumplan los requisitos establecidos por la normativa.
¿Qué medicamentos pueden anunciarse al público?
No cualquier medicamento puede aparecer en un anuncio dirigido a la población.
La legislación española establece que pueden ser objeto de publicidad aquellos medicamentos que:
- No estén financiados con fondos públicos.
- Estén concebidos para utilizarse sin necesidad de que un médico realice el diagnóstico, la prescripción o el seguimiento.
- No contengan sustancias psicotrópicas o estupefacientes.
Aunque no requieran receta médica, esto no significa que estén exentos de riesgos.
El propio texto consolidado de la Ley de garantías y uso racional de los medicamentos recuerda que la publicidad debe incluir la recomendación de consultar al farmacéutico sobre la correcta utilización del medicamento.
Y ahí el consejo desde el mostrador sigue teniendo un papel fundamental.
¿Qué significa OTC?
OTC procede del inglés Over The Counter.
Se utiliza habitualmente para referirse a los medicamentos que pueden adquirirse sin receta médica.
En España, la terminología regulatoria más adecuada es medicamento no sujeto a prescripción médica, aunque OTC se utiliza ampliamente en el sector farmacéutico.
Aquí conviene aclarar una confusión habitual: OTC no significa cualquier producto que pueda comprarse libremente en una farmacia.
Productos como cosméticos, complementos alimenticios, productos de higiene o determinados productos sanitarios pueden adquirirse sin receta, pero no por ello son medicamentos OTC.
OTC hace referencia a medicamentos.
Entonces, ¿EFP y OTC son lo mismo?
No exactamente.
La principal diferencia es que EFP es una denominación antigua que ya no se utiliza oficialmente en el etiquetado, mientras que OTC continúa empleándose como término general para los medicamentos sin receta.
Además, no todos los medicamentos no sujetos a prescripción tienen necesariamente las mismas condiciones respecto a su publicidad.
Por eso, actualmente resulta más claro distinguir entre:
- Medicamentos sujetos a prescripción médica.
- Medicamentos no sujetos a prescripción médica.
- Dentro de estos últimos, medicamentos que cumplen los requisitos legales para realizar publicidad dirigida al público.
Hablar de esta forma evita la confusión que pueden generar unas siglas históricas como EFP.
¿Qué significa EFG?
Las siglas EFG significan Equivalente Farmacéutico Genérico y continúan utilizándose actualmente.
Un medicamento genérico contiene la misma composición cualitativa y cuantitativa en principios activos y la misma forma farmacéutica que su medicamento de referencia, y debe demostrar su bioequivalencia cuando corresponda.
La AEMPS establece además que los medicamentos genéricos autorizados con esta consideración se identifican mediante las siglas EFG al final de su nombre.
Por ejemplo:
Principio activo + dosis + forma farmacéutica + EFG
Estas siglas permiten reconocer fácilmente que nos encontramos ante un medicamento genérico.
Puedes consultar más información sobre la identificación de estos medicamentos en la página de la AEMPS sobre el etiquetado de los medicamentos.
¿Un medicamento genérico tiene la misma eficacia?
Los medicamentos genéricos deben cumplir los mismos requisitos de calidad, seguridad y eficacia exigidos a los demás medicamentos autorizados.
No se trata simplemente de una versión “más barata” de otro medicamento.
Para ser autorizado como genérico debe cumplir los requisitos establecidos por las autoridades reguladoras y demostrar que es equivalente al medicamento de referencia en los aspectos exigidos legalmente.
Por eso, desde la farmacia es importante ayudar al usuario a entender qué significan realmente las siglas EFG y resolver posibles dudas sobre estos medicamentos.
¿Los medicamentos OTC pueden utilizarse sin consejo farmacéutico?
Que un medicamento pueda adquirirse sin receta no significa que pueda utilizarse sin ninguna precaución.
Antes de recomendar un medicamento para un problema menor conviene valorar:
- Para quién es.
- Qué síntomas presenta.
- Desde cuándo.
- Qué otros medicamentos utiliza.
- Si existen enfermedades previas.
- Si pertenece a algún grupo de riesgo.
- Si hay algún criterio que aconseje derivación.
Por ejemplo, ante una persona que solicita un producto para la tos, primero es necesario diferenciar entre tos seca y tos productiva, valorar la duración y detectar posibles signos de alarma.
En el curso de Tos y antitusivos de Liceo de Farmacia se trabaja precisamente cómo diferenciar los distintos tipos de tos, seleccionar entre antitusivos, mucolíticos o expectorantes y detectar cuándo es necesario derivar.
Lo mismo ocurre ante una solicitud para el dolor. El tipo, la intensidad, la duración o los antecedentes del usuario pueden cambiar la recomendación. El curso de Analgésicos de Liceo de Farmacia profundiza en los principales analgésicos y en cómo valorar estas situaciones desde el mostrador.
Automedicación y medicamentos sin receta
La disponibilidad de un medicamento sin receta favorece lo que se conoce como automedicación responsable, pero siempre debe ir acompañada de una utilización adecuada.
Los principales riesgos de un uso incorrecto son:
- Utilizar un medicamento que no está indicado para el problema.
- Superar la dosis o duración recomendadas.
- Sufrir efectos adversos.
- Provocar interacciones con otros tratamientos.
- Enmascarar síntomas que deberían ser valorados por un médico.
- Utilizar medicamentos que estaban destinados a otra persona o a una situación diferente.
Un ejemplo especialmente importante es el de los antibióticos.
Los antibióticos no son medicamentos OTC y necesitan receta médica. Además, utilizarlos frente a enfermedades víricas como la gripe no resulta eficaz y favorece el problema de las resistencias antimicrobianas.
El papel del farmacéutico ante los medicamentos sin receta
Los medicamentos no sujetos a prescripción permiten abordar muchos problemas menores desde la farmacia, pero eso no convierte la dispensación en un proceso automático.
El farmacéutico debe valorar la situación, seleccionar la opción más adecuada, explicar cómo utilizarla y detectar cuándo el usuario necesita otro tipo de atención.
Por eso, una buena recomendación no empieza preguntando “¿qué producto quiere?”, sino entendiendo primero qué problema necesita resolver.
Esta forma de trabajar es precisamente la base de los protocolos de consejo en farmacia: establecer las preguntas necesarias para orientar cada situación de forma sistemática y segura.
EFP, EFG y OTC: las diferencias clave
Aunque las tres siglas puedan parecer similares, hacen referencia a conceptos distintos:
EFP: denominación histórica de las antiguas especialidades farmacéuticas publicitarias. Las siglas dejaron de utilizarse oficialmente en el etiquetado.
OTC: término utilizado para referirse a medicamentos que pueden adquirirse sin receta médica.
EFG: siglas que identifican a los medicamentos genéricos autorizados como equivalentes farmacéuticos genéricos.
Entender estas diferencias ayuda no solo a utilizar correctamente la terminología, sino también a explicar mejor al usuario qué medicamento está utilizando y cómo debe hacerlo.