Principales enfermedades reumáticas: síntomas y diferencias

Es habitual escuchar en la farmacia expresiones como “tengo reuma” para referirse a dolor en las articulaciones, rigidez o molestias musculares.

Sin embargo, el reuma no es una enfermedad concreta.

Existen más de 200 enfermedades reumáticas diferentes que pueden afectar a las articulaciones, huesos y músculos, pero también, en algunos casos, a la piel, los pulmones, los vasos sanguíneos u otros órganos.

Entre las más conocidas encontramos la artrosis, la artritis reumatoide y la espondilitis anquilosante, tres patologías que pueden compartir síntomas como dolor o rigidez, pero cuyo origen y tratamiento son diferentes.

¿Qué son las enfermedades reumáticas?

Las enfermedades reumáticas agrupan numerosas patologías que afectan principalmente al aparato locomotor y al tejido conectivo.

Pueden provocar:

  • Dolor.
  • Inflamación.
  • Rigidez.
  • Pérdida de movilidad.
  • Debilidad.
  • Limitación funcional.

Pero no todas son enfermedades exclusivamente articulares.

Algunas tienen un origen inflamatorio o autoinmune y pueden afectar también a otros órganos.

La Sociedad Española de Reumatología estima que las enfermedades musculoesqueléticas y autoinmunes sistémicas afectan aproximadamente a 1 de cada 4 adultos en España.

Además, pueden aparecer a cualquier edad. No son enfermedades exclusivas de las personas mayores.

¿Artrosis y artritis son lo mismo?

No.

Esta es probablemente una de las confusiones más habituales.

Aunque ambas pueden producir dolor y limitación articular, artrosis y artritis no significan lo mismo.

La artrosis se caracteriza principalmente por cambios estructurales y degenerativos en la articulación.

La artritis, en cambio, implica inflamación articular y puede aparecer por diferentes causas.

Por ejemplo, la artritis reumatoide tiene un origen autoinmune.

Esta diferencia es importante porque el tratamiento y la evolución de ambas enfermedades también son distintos.

Artrosis: la enfermedad articular más frecuente

La artrosis es una enfermedad crónica de las articulaciones.

Durante mucho tiempo se describió simplemente como un desgaste del cartílago, pero actualmente sabemos que es un proceso más complejo que puede afectar también a:

  • Hueso subcondral.
  • Membrana sinovial.
  • Ligamentos.
  • Músculos periarticulares.
  • Otras estructuras de la articulación.

Puede aparecer especialmente en:

  • Rodillas.
  • Caderas.
  • Manos.
  • Columna vertebral.

La edad es uno de sus principales factores de riesgo, aunque también pueden influir el sobrepeso, lesiones articulares previas, determinadas actividades laborales o deportivas y factores genéticos.

¿Cuáles son los síntomas de la artrosis?

Uno de los síntomas más característicos es el dolor asociado al movimiento o al uso de la articulación.

También puede aparecer:

  • Rigidez después de un periodo de reposo.
  • Pérdida progresiva de movilidad.
  • Crujidos.
  • Deformidad articular en casos avanzados.
  • Dificultad para realizar determinadas actividades.

Una característica que puede ayudar a diferenciarla de algunas enfermedades inflamatorias es que la rigidez matutina suele ser más breve.

Sin embargo, los síntomas pueden variar mucho entre personas.

¿Cómo se trata la artrosis?

El tratamiento busca principalmente reducir el dolor, mantener la movilidad y preservar la función de la articulación.

Puede incluir:

  • Ejercicio adaptado.
  • Control del peso cuando sea necesario.
  • Fisioterapia.
  • Analgésicos.
  • AINEs en determinados casos.
  • Tratamientos tópicos.
  • Medidas ortopédicas.
  • Cirugía en situaciones avanzadas.

El ejercicio es especialmente importante y no debería interpretarse como algo perjudicial para una articulación con artrosis cuando está correctamente adaptado a las capacidades de la persona.

Desde la farmacia podemos ayudar al usuario a comprender mejor su dolor y las opciones disponibles. En el curso ¿Qué es dolor? de Liceo de Farmacia se trabajan los distintos tipos de dolor, su valoración, los principales tratamientos y los criterios de derivación desde el mostrador.

Artritis reumatoide: una enfermedad autoinmune

La artritis reumatoide es una enfermedad inflamatoria crónica de origen autoinmune.

El sistema inmunitario ataca por error diferentes estructuras del organismo, especialmente la membrana sinovial que recubre las articulaciones.

Como consecuencia puede aparecer una inflamación persistente que, si no se controla, puede producir daño articular.

Suele afectar especialmente a pequeñas articulaciones de:

  • Manos.
  • Muñecas.
  • Pies.

La afectación es frecuentemente simétrica, aunque la enfermedad puede evolucionar de forma diferente en cada persona.

Además, la artritis reumatoide no afecta únicamente a las articulaciones. En determinadas personas puede tener manifestaciones en otros órganos.

Síntomas de la artritis reumatoide

Entre sus síntomas más característicos encontramos:

  • Dolor articular.
  • Inflamación.
  • Rigidez.
  • Sensación de calor en la articulación.
  • Cansancio.
  • Pérdida de movilidad.

La rigidez matutina prolongada es especialmente característica y puede ayudar a diferenciarla de otros problemas articulares.

El diagnóstico precoz es muy importante.

Iniciar el tratamiento cuanto antes ayuda a controlar la inflamación y reducir el riesgo de daño articular irreversible.

¿Cómo se trata la artritis reumatoide?

El tratamiento ha evolucionado mucho en las últimas décadas.

Además de medicamentos destinados a controlar los síntomas, existen tratamientos capaces de modificar la evolución de la enfermedad.

Entre ellos se encuentran los llamados fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad o FAME.

Dependiendo del caso pueden utilizarse:

  • FAME convencionales.
  • Terapias dirigidas.
  • Medicamentos biológicos.
  • Corticoides en determinadas situaciones.
  • Analgésicos o antiinflamatorios como tratamiento sintomático.

La elección depende de la actividad de la enfermedad, la respuesta a tratamientos anteriores y las características de cada persona.

Por eso, los analgésicos o AINEs pueden aliviar síntomas, pero no sustituyen al tratamiento destinado a controlar la enfermedad.

Espondilitis anquilosante: cuando la inflamación afecta a la columna

La espondilitis anquilosante, actualmente incluida dentro del grupo de las espondiloartritis axiales, es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta principalmente a la columna vertebral y a las articulaciones sacroilíacas.

Suele comenzar en personas jóvenes.

Uno de sus síntomas más característicos es el dolor lumbar de características inflamatorias.

A diferencia del dolor lumbar mecánico habitual, este dolor puede:

  • Empeorar durante el reposo.
  • Aparecer durante la noche.
  • Mejorar con el movimiento.
  • Acompañarse de rigidez matutina.

Con el tiempo puede producir una reducción de la movilidad de la columna.

Espondilitis anquilosante: no solo afecta a la espalda

Aunque la columna es una de las principales zonas afectadas, también pueden aparecer otras manifestaciones.

Por ejemplo:

  • Inflamación de otras articulaciones.
  • Dolor en las inserciones de tendones.
  • Uveítis.
  • Manifestaciones intestinales.
  • Psoriasis en algunas formas de espondiloartritis.

Por eso, también estamos ante una enfermedad que puede tener repercusiones más allá del aparato locomotor.

¿Cómo se trata la espondilitis anquilosante?

El tratamiento busca controlar la inflamación, reducir el dolor y preservar la movilidad.

El ejercicio y la fisioterapia desempeñan un papel especialmente importante.

También pueden utilizarse:

  • AINEs.
  • Tratamientos biológicos.
  • Otros fármacos según las manifestaciones de la enfermedad.

La estrategia debe adaptarse a cada persona y mantenerse bajo seguimiento especializado.

Artrosis, artritis reumatoide y espondilitis: principales diferencias

Aunque las tres pueden provocar dolor y limitación, existen algunas diferencias útiles.

Artrosis

  • Predomina el componente estructural y degenerativo.
  • Es más frecuente con el envejecimiento.
  • El dolor suele relacionarse más con el uso de la articulación.
  • La rigidez después del reposo suele ser más corta.

Artritis reumatoide

  • Es una enfermedad inflamatoria autoinmune.
  • Puede afectar a cualquier edad adulta.
  • Suele afectar de forma simétrica a manos y pies.
  • La rigidez matutina puede ser prolongada.
  • Puede producir manifestaciones fuera de las articulaciones.

Espondilitis anquilosante

  • Es una enfermedad inflamatoria.
  • Suele comenzar en personas jóvenes.
  • Afecta especialmente a la columna y articulaciones sacroilíacas.
  • El dolor puede mejorar con el ejercicio y empeorar con el reposo.

Estas características orientan, pero no permiten realizar un diagnóstico desde la farmacia.

¿Hay más enfermedades reumáticas?

Sí. Muchas más.

Además de las anteriores encontramos:

  • Gota.
  • Lupus eritematoso sistémico.
  • Síndrome de Sjögren.
  • Artritis psoriásica.
  • Vasculitis.
  • Osteoporosis.
  • Artritis idiopática juvenil.
  • Fibromialgia.
  • Otras enfermedades autoinmunes y musculoesqueléticas.

Por eso, utilizar simplemente la palabra “reuma” puede ocultar enfermedades muy diferentes.

El diagnóstico correcto es fundamental para establecer el tratamiento adecuado.

Dolor articular: qué podemos valorar desde la farmacia

Ante un usuario que solicita algo para el dolor articular, no deberíamos asumir automáticamente que tiene artrosis o “reuma”.

Conviene preguntar:

  • ¿Dónde le duele?
  • ¿Desde cuándo?
  • ¿Hay inflamación?
  • ¿Existe rigidez?
  • ¿Cuánto dura la rigidez por la mañana?
  • ¿Mejora con el movimiento o con el reposo?
  • ¿Existe algún traumatismo previo?
  • ¿Aparece fiebre?
  • ¿Tiene diagnosticada alguna enfermedad reumática?
  • ¿Qué medicamentos utiliza?

Estas preguntas ayudan a detectar señales que necesitan una valoración médica.

El papel de la farmacia ante las enfermedades reumáticas

La farmacia puede desempeñar un papel importante en el seguimiento de usuarios con enfermedades crónicas.

Podemos contribuir a:

  • Reforzar la adherencia al tratamiento.
  • Detectar posibles efectos adversos.
  • Evitar una automedicación inadecuada con AINEs.
  • Revisar interacciones.
  • Promover el ejercicio y otras medidas recomendadas.
  • Orientar sobre ayudas ortopédicas cuando estén indicadas.
  • Detectar signos que requieren derivación.

En situaciones donde existen limitaciones articulares o determinadas lesiones musculoesqueléticas, las órtesis pueden formar parte del abordaje. El curso de Órtesis: sistemas de sujeción de Liceo de Farmacia explica cómo seleccionar y recomendar distintos sistemas de apoyo según la articulación y las necesidades del usuario.

¿Cuándo debemos derivar?

Conviene recomendar valoración sanitaria cuando aparece:

  • Una articulación muy inflamada, roja o caliente.
  • Dolor intenso de aparición brusca.
  • Fiebre asociada al dolor articular.
  • Rigidez matutina prolongada.
  • Dolor que persiste o empeora.
  • Pérdida progresiva de movilidad.
  • Deformidad articular.
  • Dolor lumbar inflamatorio en una persona joven.
  • Afectación de varias articulaciones.
  • Síntomas generales como pérdida de peso o cansancio intenso.

También merece valoración cualquier dolor articular que interfiera de forma importante con las actividades diarias o no tenga una causa clara.

Enfermedades reumáticas: no todo es “reuma”

Artrosis, artritis reumatoide y espondilitis anquilosante pueden compartir dolor y rigidez, pero son enfermedades diferentes y necesitan abordajes distintos.

Por eso, utilizar “reuma” como diagnóstico puede llevar a simplificar demasiado el problema.

Desde la farmacia podemos ayudar a valorar los síntomas, favorecer un uso adecuado de los tratamientos, detectar señales de alarma y acompañar al usuario en enfermedades que, en muchos casos, son crónicas.

El primer paso es sencillo:

no tratar todos los dolores articulares como si fueran iguales.