AINEs, analgésicos y opioides: ¿cuáles son sus diferencias?

AINEs, analgésicos y opioides aparecen continuamente cuando hablamos del tratamiento del dolor. Sin embargo, estos términos no están al mismo nivel y es frecuente utilizarlos como si fueran grupos completamente diferentes.

La primera idea que debemos tener clara es esta: los AINEs y los opioides también son medicamentos analgésicos.

Lo que cambia es su mecanismo de acción, sus indicaciones, sus riesgos y el tipo de dolor en el que pueden utilizarse.

Desde la farmacia, conocer estas diferencias es fundamental para orientar correctamente al usuario y evitar una automedicación inadecuada.

¿Qué es un analgésico?

Un analgésico es un medicamento utilizado para aliviar el dolor.

Dentro de esta categoría encontramos diferentes grupos, entre ellos:

  • Analgésicos no opioides como el paracetamol.
  • Antiinflamatorios no esteroideos o AINEs.
  • Analgésicos opioides.
  • Otros medicamentos utilizados como coadyuvantes en determinados tipos de dolor.

Por tanto, decir “analgésico o AINE” no es completamente correcto, ya que un AINE también tiene efecto analgésico.

La diferencia está en que, además de aliviar el dolor, los AINEs presentan una acción antiinflamatoria.

Si quieres comprender desde la base por qué no todos los dolores deben tratarse igual, el curso ¿Qué es dolor? de Liceo de Farmacia aborda los distintos tipos de dolor, su intensidad y duración, y las principales opciones farmacológicas y no farmacológicas para su abordaje.

Paracetamol: analgésico, pero no AINE

El paracetamol es uno de los ejemplos más claros para entender esta clasificación.

Tiene principalmente efecto:

  • Analgésico.
  • Antipirético.

Es decir, puede utilizarse para aliviar determinados tipos de dolor y reducir la fiebre.

Sin embargo, no se considera un AINE porque su actividad antiinflamatoria periférica es muy limitada.

Esta diferencia es importante porque un usuario puede necesitar aliviar un dolor sin que exista un componente inflamatorio significativo.

También debemos recordar que el paracetamol no está exento de riesgos. Un uso por encima de las dosis recomendadas puede provocar toxicidad hepática grave.

¿Qué son los AINEs?

Las siglas AINE significan antiinflamatorio no esteroideo.

Dentro de este grupo encontramos principios activos muy conocidos como:

  • Ibuprofeno.
  • Naproxeno.
  • Dexketoprofeno.
  • Diclofenaco.

Los AINEs tienen principalmente tres efectos:

Analgésico: reducen el dolor.

Antiinflamatorio: disminuyen la inflamación.

Antipirético: pueden reducir la fiebre.

Por eso pueden resultar especialmente útiles cuando el dolor presenta un componente inflamatorio.

¿Cómo actúan los AINEs?

Los AINEs actúan inhibiendo las enzimas ciclooxigenasas, conocidas como COX, implicadas en la formación de prostaglandinas.

Las prostaglandinas participan, entre otros procesos, en:

  • La inflamación.
  • El dolor.
  • La fiebre.
  • La protección de la mucosa gastrointestinal.
  • La función renal.
  • La función plaquetaria.

Esto ayuda a entender tanto los efectos terapéuticos como muchos de los riesgos asociados al uso de los AINEs.

Los AINEs no son adecuados para todo el mundo

Que algunos AINEs puedan adquirirse sin receta en determinadas presentaciones no significa que sean inocuos.

Antes de recomendarlos conviene prestar especial atención a usuarios con:

  • Antecedentes de úlcera o sangrado gastrointestinal.
  • Enfermedad renal.
  • Enfermedad cardiovascular.
  • Tratamiento anticoagulante o antiagregante.
  • Hipertensión.
  • Asma relacionada con AINEs.
  • Embarazo.
  • Edad avanzada.
  • Otros tratamientos concomitantes.

También es importante evitar que una persona utilice dos AINEs diferentes al mismo tiempo pensando que así conseguirá un mayor efecto analgésico.

La AEMPS recuerda que estos medicamentos deben utilizarse a la dosis eficaz más baja y durante el menor tiempo posible, valorando especialmente los factores de riesgo gastrointestinal y cardiovascular. Puedes consultar la información de seguridad de la AEMPS sobre los antiinflamatorios no esteroideos.

¿Qué son los opioides?

Los opioides son medicamentos analgésicos que actúan sobre receptores específicos del sistema nervioso.

Dentro de este grupo encontramos principios activos como:

  • Codeína.
  • Tramadol.
  • Morfina.
  • Oxicodona.
  • Fentanilo.

Son medicamentos capaces de producir una potente analgesia y tienen un papel importante en determinados tipos de dolor.

Pero su utilización requiere una valoración individualizada porque pueden producir efectos adversos importantes y existe riesgo de tolerancia, dependencia, uso problemático y sobredosis.

El Ministerio de Sanidad mantiene un Plan de optimización de la utilización de analgésicos opioides, especialmente centrado en conseguir un uso seguro y adecuado en el dolor crónico no oncológico.

¿Opiáceos y opioides significan lo mismo?

Aunque en el lenguaje habitual se utilizan muchas veces como sinónimos, existe una diferencia.

Opiáceo se utiliza tradicionalmente para sustancias derivadas directamente del opio, como la morfina o la codeína.

Opioide es un término más amplio que engloba las sustancias naturales, semisintéticas y sintéticas que actúan sobre los receptores opioides.

Por eso, actualmente resulta más correcto utilizar opioides cuando hablamos del conjunto de estos medicamentos.

Principales diferencias entre paracetamol, AINEs y opioides

Podemos resumirlas de forma sencilla:

Paracetamol

Actúa principalmente como analgésico y antipirético.

Puede utilizarse en determinados dolores leves o moderados en los que la inflamación no sea el objetivo principal del tratamiento.

Su principal riesgo en caso de sobredosis es la toxicidad hepática.

AINEs

Tienen efecto analgésico, antiinflamatorio y antipirético.

Pueden resultar útiles especialmente cuando existe inflamación.

Sus principales precauciones están relacionadas, entre otras, con el aparato digestivo, el riñón y el sistema cardiovascular.

Opioides

Son analgésicos utilizados en determinados dolores de mayor intensidad o en situaciones concretas en las que están indicados.

No destacan por un efecto antiinflamatorio.

Su utilización requiere especial vigilancia por sus efectos adversos y por el riesgo de dependencia y uso problemático.

¿Los opioides son siempre para dolores muy fuertes?

No debería decidirse únicamente en función de una cifra de intensidad.

El tratamiento del dolor depende de muchos factores:

  • Origen.
  • Duración.
  • Intensidad.
  • Impacto sobre la vida diaria.
  • Tratamientos previos.
  • Enfermedades del usuario.
  • Riesgos individuales.

Especialmente en el dolor crónico no oncológico, los opioides no deben convertirse automáticamente en la siguiente opción cuando otro tratamiento no funciona.

La decisión necesita una valoración individual del beneficio y el riesgo y un seguimiento adecuado.

En 2025, el Ministerio de Sanidad publicó nuevos protocolos de actuación para mejorar precisamente la prescripción y el seguimiento de opioides en dolor crónico no oncológico.

Efectos adversos de los opioides

Los opioides pueden producir distintos efectos adversos, entre ellos:

  • Estreñimiento.
  • Náuseas y vómitos.
  • Somnolencia.
  • Mareo.
  • Confusión.
  • Depresión respiratoria.

Con algunos tratamientos también pueden aparecer tolerancia y dependencia.

Además, determinados opioides pueden interaccionar con otros medicamentos depresores del sistema nervioso central, aumentando riesgos como la sedación intensa o la depresión respiratoria.

Por eso, el seguimiento resulta fundamental.

En el curso de Opiáceos de Liceo de Farmacia se profundiza en los receptores opioides, sus principales usos, efectos adversos y prevención del abuso y la dependencia desde el consejo farmacéutico.

El dolor no siempre necesita un antiinflamatorio

Uno de los errores frecuentes consiste en pensar que, ante cualquier dolor, necesitamos “algo más fuerte” o directamente un antiinflamatorio.

Pero primero debemos valorar qué tipo de dolor existe.

No es lo mismo:

  • Dolor muscular.
  • Dolor inflamatorio.
  • Dolor neuropático.
  • Cefalea.
  • Dolor menstrual.
  • Dolor dental.
  • Dolor articular.
  • Dolor crónico.

Por ejemplo, en determinados dolores neuropáticos pueden utilizarse medicamentos que tradicionalmente no consideramos analgésicos, como algunos anticonvulsivantes o antidepresivos.

Por eso, elegir un tratamiento únicamente en función de su supuesta “potencia” es una simplificación.

¿Qué debemos preguntar desde la farmacia?

Ante un usuario que solicita un medicamento para el dolor conviene conocer:

  • ¿Dónde le duele?
  • ¿Desde cuándo?
  • ¿Cómo comenzó?
  • ¿Qué intensidad tiene?
  • ¿Existe inflamación?
  • ¿Ha sufrido algún golpe o lesión?
  • ¿Qué ha tomado hasta ahora?
  • ¿Utiliza otros medicamentos?
  • ¿Tiene alguna enfermedad previa?
  • ¿El dolor está empeorando?

Estas preguntas permiten valorar si existe una situación que puede abordarse desde la farmacia o si necesita derivación.

En el curso de Analgésicos de Liceo de Farmacia se trabajan los principales principios activos, grupos de riesgo, recomendaciones por edad y protocolos de consejo para orientar estas situaciones desde el mostrador.

¿Cuándo debemos derivar?

El dolor puede ser un síntoma de problemas muy diferentes.

Conviene recomendar valoración sanitaria cuando:

  • Es muy intenso o aparece de forma brusca.
  • Persiste o empeora.
  • Aparece después de un traumatismo importante.
  • Se acompaña de fiebre elevada u otros síntomas generales.
  • Existen síntomas neurológicos.
  • Hay pérdida de fuerza o sensibilidad.
  • Se necesita medicación de forma continuada para controlarlo.
  • Existen dudas sobre su origen.
  • La persona pertenece a un grupo de riesgo.

Especialmente en el dolor crónico, el objetivo no debería ser simplemente aumentar progresivamente la potencia de los medicamentos.

Es necesario conocer qué está causando el dolor y establecer una estrategia adecuada.

AINEs, analgésicos y opioides: no se trata de cuál es más fuerte

La principal diferencia entre estos medicamentos no es simplemente su “potencia”.

Analgésico es el término general para los medicamentos destinados a aliviar el dolor.

El paracetamol es un analgésico no opioide con efecto antipirético, pero sin una acción antiinflamatoria significativa.

Los AINEs son analgésicos que también reducen la inflamación.

Los opioides son analgésicos que actúan sobre receptores específicos del sistema nervioso y requieren un control especialmente cuidadoso.

Desde la farmacia, la clave no consiste en encontrar el medicamento más fuerte, sino en identificar qué tipo de dolor presenta el usuario, valorar los posibles riesgos y saber cuándo es necesario derivar.