Cáncer: tratamientos y líneas de actuación del farmacéutico

tratamientos cáncer

El tratamiento del cáncer ha cambiado mucho en los últimos años.

Hoy no hablamos solo de cirugía, quimioterapia o radioterapia. Según el tipo de tumor y sus características, pueden utilizarse también hormonoterapia, terapias dirigidas, inmunoterapia y terapias celulares, entre otras opciones. La elección depende del tipo de cáncer, su extensión, los biomarcadores y la situación de cada persona.

Desde la farmacia comunitaria no decidimos el tratamiento oncológico, pero sí podemos ayudar a mejorar la adherencia, detectar interacciones, orientar ante determinados efectos adversos y saber cuándo derivar.

¿Cuáles son los principales tratamientos contra el cáncer?

No existe un único tratamiento válido para todos los tumores.

Con frecuencia se combinan varias estrategias.

Cirugía

La cirugía permite extirpar el tumor cuando su localización y extensión lo hacen posible.

Puede utilizarse sola o acompañarse de otros tratamientos antes o después de la intervención.

Quimioterapia

La quimioterapia utiliza medicamentos capaces de destruir células tumorales o dificultar su multiplicación.

Puede administrarse por diferentes vías, incluida la intravenosa y la oral.

Sus efectos adversos dependen de los medicamentos utilizados y no aparecen igual en todas las personas. Entre los más conocidos están:

  • Náuseas y vómitos.
  • Fatiga.
  • Alteraciones digestivas.
  • Caída del cabello con determinados tratamientos.
  • Cambios en las células sanguíneas.

Radioterapia

La radioterapia utiliza radiación ionizante para destruir células tumorales o impedir que continúen creciendo.

Es importante corregir una idea del artículo original: radioterapia y quimioterapia no son lo mismo. Pueden utilizarse conjuntamente, pero actúan mediante mecanismos diferentes.

Los efectos adversos también dependen mucho de la zona tratada.

Hormonoterapia

Algunos tumores necesitan determinadas hormonas para crecer.

La terapia hormonal puede bloquear la producción o la acción de esas hormonas y se utiliza especialmente en algunos cánceres de mama y próstata.

Terapias dirigidas

Las terapias dirigidas actúan sobre alteraciones moleculares concretas que participan en el crecimiento del tumor.

Por eso, en algunos casos es necesario estudiar previamente determinadas características o biomarcadores del cáncer para saber si un tratamiento puede ser útil.

Ya no las presentaría como una terapia simplemente “emergente”, como hacía el artículo antiguo. Hoy forman parte del tratamiento habitual de numerosos tumores.

Inmunoterapia

La inmunoterapia busca ayudar al sistema inmunitario a reconocer y combatir las células tumorales.

Dentro de este grupo existen diferentes estrategias, como los inhibidores de puntos de control inmunitario.

También puede producir efectos adversos específicos relacionados con una activación excesiva del sistema inmunitario, que pueden afectar a diferentes órganos.

La Sociedad Española de Oncología Médica mantiene una guía actualizada sobre tratamientos oncológicos, incluyendo quimioterapia, inmunoterapia, hormonoterapia, terapias biológicas y cuidados de soporte.

¿Y las terapias CAR-T?

El artículo original incluía CAR-T dentro de la “terapia génica”.

Lo explicaría de forma más precisa.

Las CAR-T son terapias celulares en las que se modifican linfocitos T del propio usuario para que puedan reconocer y atacar determinadas células tumorales.

Su utilización está especialmente desarrollada en determinados cánceres hematológicos y requiere centros especializados.

Por eso, no la presentaría como una opción general para cualquier tipo de cáncer.

El papel del farmacéutico ante el tratamiento oncológico

Desde la farmacia comunitaria podemos intervenir en varios puntos.

Revisar posibles interacciones

Es fundamental conocer toda la medicación que utiliza el usuario.

Esto incluye:

  • Medicamentos prescritos.
  • Medicamentos sin receta.
  • Complementos alimenticios.
  • Productos de fitoterapia.

“Natural” no significa automáticamente seguro.

Algunos productos pueden interaccionar con tratamientos oncológicos o aumentar determinados efectos adversos.

Por eso, ante una persona en tratamiento contra el cáncer, no deberíamos recomendar complementos sin revisar previamente su situación.

Reforzar la adherencia

Cada vez existen más tratamientos oncológicos administrados por vía oral.

Esto traslada parte de la responsabilidad del tratamiento al domicilio.

Desde la farmacia podemos reforzar:

  • Horarios.
  • Forma correcta de administración.
  • Conservación.
  • Qué hacer ante un olvido según las instrucciones recibidas.
  • Importancia de no modificar la dosis por cuenta propia.

Nunca debemos aconsejar duplicar una dosis sin comprobar previamente las indicaciones específicas del tratamiento.

Ayudar ante algunos efectos adversos

Los tratamientos pueden producir problemas que generan consultas frecuentes en farmacia.

Por ejemplo:

  • Sequedad cutánea.
  • Alteraciones de las uñas.
  • Mucositis.
  • Náuseas.
  • Diarrea o estreñimiento.
  • Fatiga.
  • Sensibilidad cutánea.
  • Alteraciones del cuero cabelludo.

Podemos ayudar con medidas de soporte, pero evitando asumir que cualquier síntoma puede manejarse desde el mostrador.

Algunos efectos adversos necesitan valoración rápida por el equipo de oncología.

Especial cuidado con la piel

Algunos tratamientos oncológicos pueden producir sequedad, irritación, erupciones o mayor sensibilidad.

En estos casos conviene priorizar:

  • Limpieza suave.
  • Hidratación.
  • Evitar productos irritantes.
  • Fotoprotección adecuada.

Si quieres ampliar la elección de cuidados cutáneos, el Expert en Dermofarmacia de Liceo de Farmacia permite profundizar en barrera cutánea, hidratación y diferentes alteraciones de la piel.

¿Cuándo debemos derivar?

Ante una persona en tratamiento oncológico debemos ser especialmente prudentes.

Necesita valoración sanitaria ante situaciones como:

  • Fiebre.
  • Dificultad respiratoria.
  • Sangrado inesperado.
  • Vómitos persistentes.
  • Diarrea intensa.
  • Signos de deshidratación.
  • Dolor nuevo o intenso.
  • Reacción cutánea importante.
  • Confusión o deterioro del estado general.
  • Cualquier síntoma que el equipo de oncología haya indicado como señal de alarma.

La fiebre durante determinados tratamientos puede necesitar una valoración urgente, por lo que no debería manejarse simplemente recomendando un antitérmico.

No todo debe resolverse desde la farmacia

Una de las funciones más importantes del farmacéutico es precisamente conocer sus límites.

Podemos orientar, revisar la medicación, mejorar la adherencia y ayudar con determinados cuidados.

Pero la modificación de un tratamiento oncológico o el manejo de una toxicidad relevante corresponde al equipo especializado.

Si quieres profundizar específicamente en este punto, en el artículo de Liceo sobre intervención de la farmacia comunitaria en el cáncer se desarrolla con más detalle el seguimiento farmacéutico, la educación sanitaria y el manejo de efectos adversos.

Formación continua ante unos tratamientos que evolucionan

La oncología es uno de los campos que más rápidamente cambia.

Por eso, términos que hace unos años se presentaban como “tratamientos novedosos” hoy ya forman parte de la práctica clínica.

Desde la farmacia no necesitamos convertirnos en especialistas en oncología, pero sí comprender qué tipo de tratamiento recibe el usuario, qué riesgos debemos vigilar y qué recomendaciones pueden interferir con él.

Ese conocimiento permite ofrecer un consejo más seguro.

Porque acompañar a una persona con cáncer desde la farmacia no consiste en intervenir sobre su tratamiento.

Consiste en ayudar a que lo utilice correctamente, detectar problemas y saber cuándo debemos derivar.