Intervención de la farmacia comunitaria en el cáncer

intervención de la farmacia en el cáncer

La persona con cáncer puede pasar muchas veces por la farmacia durante su tratamiento.

Puede hacerlo para recoger medicación, resolver una duda, buscar ayuda ante un efecto adverso o preguntar si puede tomar un complemento junto a su tratamiento.

Por eso, la farmacia comunitaria puede desempeñar un papel importante en el acompañamiento, la adherencia, la seguridad de los medicamentos y la detección de situaciones que necesitan derivación.

No sustituye al equipo de oncología, pero sí puede convertirse en un punto de apoyo cercano durante todo el proceso.

1. Conocer los tratamientos oncológicos actuales

El tratamiento del cáncer depende del tipo de tumor, su extensión y las características de cada persona.

Actualmente puede incluir:

  • Cirugía.
  • Radioterapia.
  • Quimioterapia.
  • Hormonoterapia.
  • Terapias dirigidas.
  • Inmunoterapia.
  • Terapias celulares en determinados cánceres.

La OMS recuerda que cada tipo de cáncer requiere un abordaje específico y que en muchos casos se combinan diferentes modalidades de tratamiento.

Puedes ampliar esta parte en nuestro artículo sobre tratamientos del cáncer y actuación del farmacéutico.

2. Favorecer la adherencia al tratamiento

Algunos tratamientos oncológicos se administran por vía oral y el usuario puede tomarlos en casa.

En estos casos es especialmente importante comprobar que entiende:

  • Cuándo debe tomar el medicamento.
  • Qué hacer ante un olvido.
  • Cómo conservarlo.
  • Si debe tomarlo con alimentos o en ayunas.
  • Qué otros medicamentos debe comunicar.
  • Qué efectos adversos debe vigilar.

La pauta no debe modificarse por iniciativa propia.

Ante un olvido, vómitos después de una dosis o cualquier duda sobre la administración, conviene consultar las instrucciones concretas del medicamento o contactar con el equipo responsable.

3. Revisar medicamentos, plantas y suplementos

Este es uno de los puntos donde la farmacia puede aportar mucho valor.

La persona debería comunicar todos los productos que utiliza:

  • Medicamentos prescritos.
  • Medicamentos sin receta.
  • Complementos alimenticios.
  • Vitaminas.
  • Productos de fitoterapia.
  • Preparados herbales.

Algunos alimentos, plantas y suplementos pueden modificar la absorción o el metabolismo de determinados tratamientos oncológicos.

Por eso, durante un tratamiento contra el cáncer no deberíamos recomendar suplementos para “subir las defensas” o mejorar el estado general sin comprobar antes su compatibilidad.

El National Cancer Institute mantiene información específica sobre interacciones entre alimentos, suplementos y tratamientos contra el cáncer.

4. Ayudar ante los efectos adversos

Los efectos secundarios dependen mucho del tratamiento.

Pueden aparecer, entre otros:

  • Náuseas o vómitos.
  • Diarrea o estreñimiento.
  • Fatiga.
  • Alteraciones cutáneas.
  • Sequedad.
  • Mucositis.
  • Cambios en uñas y cabello.

Desde la farmacia podemos ofrecer medidas de autocuidado cuando sean adecuadas y comprobar si el usuario tiene pautado algún tratamiento para controlar estos síntomas.

Por ejemplo, ante sequedad o sensibilidad cutánea puede ser útil recomendar una higiene suave, hidratación adecuada y fotoprotección.

Puedes ampliar estos cuidados en los cursos de La piel, Hidratantes y Protección solar.

Pero hay que tener claro un límite:

no todo efecto adverso debe tratarse directamente desde el mostrador.

5. Detectar señales de alarma

Durante un tratamiento oncológico debemos prestar especial atención a síntomas nuevos o intensos.

Conviene derivar o recomendar contacto con el equipo de oncología ante situaciones como:

  • Fiebre.
  • Dificultad respiratoria.
  • Vómitos persistentes.
  • Diarrea intensa.
  • Sangrado.
  • Signos de infección.
  • Dolor intenso o nuevo.
  • Deshidratación.
  • Reacciones cutáneas importantes.
  • Dificultad para comer o beber.
  • Empeoramiento rápido del estado general.

Especialmente en personas inmunodeprimidas, una infección puede evolucionar con mayor rapidez.

Por eso no es recomendable intentar resolver una fiebre únicamente con un antitérmico sin valorar antes el contexto oncológico.

6. Cuidar la piel durante el tratamiento

Algunos tratamientos pueden provocar:

  • Xerosis.
  • Mayor sensibilidad.
  • Prurito.
  • Erupciones.
  • Alteraciones en manos y pies.
  • Fotosensibilidad.

La recomendación cosmética debe ser sencilla y respetuosa:

limpieza suave + hidratación + fotoprotección.

Evitaríamos introducir numerosos activos cosméticos o tratamientos agresivos en una piel ya sensibilizada.

Si aparecen lesiones intensas, dolor, ampollas o signos de infección, es mejor derivar.

7. Salud oral y mucositis

La mucositis puede provocar dolor, úlceras y dificultad para comer o beber.

Desde la farmacia podemos reforzar:

  • Higiene oral suave.
  • Cepillos blandos.
  • Hidratación de la mucosa.
  • Evitar alcohol y tabaco.
  • Evitar alimentos muy irritantes si provocan molestias.

Pero evitaría afirmar de forma general que podemos recomendar cualquier medicamento de venta libre para tratarla.

La intensidad de la mucositis y el tratamiento oncológico concreto deben tenerse en cuenta, especialmente si existen lesiones extensas, dolor intenso, fiebre o dificultad para alimentarse.

8. Farmacovigilancia

Los tratamientos oncológicos pueden producir reacciones adversas conocidas o inesperadas.

El farmacéutico puede ayudar a detectarlas y notificarlas cuando exista sospecha.

La AEMPS recuerda que no es necesario tener certeza de que un medicamento haya provocado una reacción adversa para notificarla.

Los profesionales sanitarios pueden hacerlo a través del Sistema Español de Farmacovigilancia y de NotificaRAM.

9. Prevención y hábitos saludables

La farmacia también puede participar en prevención.

Podemos reforzar mensajes relacionados con:

  • Abandono del tabaco.
  • Reducción del consumo de alcohol.
  • Actividad física.
  • Alimentación equilibrada.
  • Fotoprotección.
  • Vacunación cuando esté indicada.
  • Participación en programas de cribado.

La OMS estima que una parte importante de los casos de cáncer puede prevenirse reduciendo factores de riesgo y aplicando medidas de prevención y detección precoz.

10. Acompañar también emocionalmente

El cáncer afecta mucho más que al tratamiento farmacológico.

Puede aparecer:

  • Miedo.
  • Ansiedad.
  • Alteraciones del sueño.
  • Preocupación por la imagen corporal.
  • Cansancio emocional.

No corresponde a la farmacia sustituir el apoyo psicológico especializado.

Pero sí podemos escuchar, evitar minimizar lo que está viviendo la persona y orientarla hacia recursos profesionales cuando sea necesario.

También puedes consultar nuestro artículo sobre qué podemos hacer por la salud mental desde la farmacia.

Qué puede aportar la farmacia comunitaria ante el cáncer

La farmacia puede convertirse en un punto de apoyo muy cercano durante el tratamiento.

Nuestro papel puede resumirse en:

Escuchar.

Resolver dudas sobre la medicación.

Favorecer la adherencia.

Detectar interacciones.

Ayudar con el autocuidado.

Identificar efectos adversos.

Derivar cuando sea necesario.

La clave no está en intentar resolver desde el mostrador todos los problemas relacionados con el cáncer.

Está en saber qué podemos hacer, qué debemos vigilar y cuándo necesitamos coordinarnos con el resto de profesionales sanitarios.