5 cosas que debe saber un farmacéutico sobre los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA)

trastorno conducta alimentaria

Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) son problemas de salud mental que afectan a la relación con la comida, el peso o la imagen corporal y pueden tener consecuencias importantes sobre la salud física y psicológica.

Anorexia nerviosa, bulimia nerviosa y trastorno por atracón son algunos de los más conocidos, pero no son los únicos.

Desde la farmacia no podemos diagnosticar un TCA, pero nuestra cercanía con el usuario puede ayudarnos a detectar señales de alerta, evitar recomendaciones inadecuadas y favorecer que la persona reciba ayuda profesional.

1. Un TCA no siempre se reconoce por el aspecto físico

Una persona con un trastorno de la conducta alimentaria no tiene por qué presentar bajo peso.

El peso o la apariencia física, por sí solos, no permiten descartar ni confirmar un TCA.

Desde la farmacia podemos prestar atención a determinados comportamientos, como:

  • Preocupación intensa por perder peso.
  • Dietas muy restrictivas.
  • Ejercicio excesivo.
  • Uso repetido de laxantes o diuréticos.
  • Compra frecuente de productos para adelgazar.
  • Episodios de atracones.
  • Vómitos provocados.
  • Cambios importantes en los hábitos alimentarios.

La OMS recuerda que los TCA implican alteraciones de la conducta alimentaria que pueden provocar un daño significativo para la salud y el funcionamiento diario.

2. Existen diferentes tipos de TCA

No debemos asociarlos únicamente con la anorexia.

Entre los principales encontramos:

Anorexia nerviosa

Se caracteriza por una restricción de la ingesta y una preocupación intensa relacionada con el peso o la figura corporal.

Puede producir desnutrición y complicaciones cardiovasculares, metabólicas, óseas y de otros sistemas.

Bulimia nerviosa

Se producen episodios recurrentes de atracones seguidos de conductas compensatorias, como vómitos provocados o uso inadecuado de laxantes.

Trastorno por atracón

Existen episodios recurrentes de ingesta de grandes cantidades de alimentos con sensación de pérdida de control, pero sin las conductas compensatorias habituales de la bulimia.

También existen otros trastornos, como el trastorno de evitación/restricción de la ingestión de alimentos (ARFID) y otras presentaciones que no encajan exactamente en estos patrones.

La clasificación oficial utilizada por el Sistema Nacional de Salud contempla actualmente anorexia, bulimia, trastorno de ingestión compulsiva, ARFID y otros TCA.

3. Hay que tener especial cuidado con los productos para adelgazar y los laxantes

Este es uno de los puntos donde la farmacia puede detectar señales relevantes.

Una persona puede solicitar repetidamente:

  • Laxantes.
  • Diuréticos.
  • Productos para perder peso.
  • Complementos destinados al control del peso.

Antes de limitarse a dispensar, conviene valorar el contexto.

Especialmente si observamos un patrón repetitivo, cambios importantes de peso o una preocupación excesiva por adelgazar.

El uso inadecuado de laxantes o diuréticos puede provocar deshidratación y alteraciones electrolíticas, entre otras complicaciones.

Tampoco deberíamos reforzar mensajes relacionados con “compensar”, “quemar” o “eliminar” alimentos.

Cuando exista sospecha de un TCA, la respuesta adecuada no es recomendar un producto adelgazante.

Es escuchar y facilitar una valoración profesional.

4. La forma de hablar también importa

Ante una posible situación de TCA conviene evitar comentarios sobre:

  • Peso.
  • Aspecto físico.
  • Calorías.
  • Fuerza de voluntad.
  • “Comer más” o “comer menos”.
  • Si la persona parece o no “demasiado delgada”.

Frases como:

“Pero si estás muy bien de peso.” o “Solo tienes que comer con normalidad.”

pueden minimizar un problema complejo.

Es preferible centrarse en aquello que nos preocupa.

Por ejemplo:

“He visto que estás utilizando laxantes con bastante frecuencia. ¿Te los ha recomendado algún profesional?” o:

“Por lo que me cuentas, creo que sería importante que pudieras hablar de esto con un profesional sanitario.”

La escucha activa es especialmente importante en este tipo de situaciones. Puedes ampliar esta competencia en nuestro artículo sobre las 5 reglas para atender bien en farmacia.

5. Saber cuándo derivar es fundamental

Los TCA necesitan un abordaje profesional y pueden requerir la participación de medicina, psicología o psiquiatría y profesionales especializados en nutrición.

La atención a los trastornos de salud mental y de conducta alimentaria forma parte de la cartera asistencial del Sistema Nacional de Salud.

Desde farmacia deberíamos favorecer una valoración profesional cuando observemos:

  • Restricción importante de alimentos.
  • Atracones o vómitos provocados.
  • Uso problemático de laxantes o diuréticos.
  • Pérdida importante o rápida de peso.
  • Mareos o desmayos.
  • Debilidad marcada.
  • Alteraciones menstruales junto a otros signos.
  • Aislamiento o deterioro importante del estado emocional.
  • Conductas de autolesión o ideas suicidas.

Si existe riesgo inmediato para la persona, la situación requiere atención urgente.

La recuperación puede necesitar tiempo

Los TCA son problemas complejos y su recuperación no siempre sigue una evolución constante.

Puede haber momentos de mejoría y otros de empeoramiento.

Desde la farmacia podemos contribuir evitando juicios, reforzando la adherencia cuando existe tratamiento y facilitando que la persona mantenga el contacto con los profesionales que la atienden.

No debemos asumir el tratamiento nutricional o psicológico desde el mostrador.

Nuestro valor está en detectar, escuchar y acompañar dentro de nuestras competencias.

El papel de la farmacia ante los TCA

Podemos resumirlo en cinco ideas:

1. No juzgar por el aspecto físico.

2. Reconocer diferentes tipos y señales.

3. Vigilar el uso inadecuado de laxantes y productos para adelgazar.

4. Utilizar un lenguaje cuidadoso.

5. Derivar cuando exista sospecha o riesgo.

Los TCA pueden pasar desapercibidos durante mucho tiempo.

Y precisamente por la frecuencia con la que vemos al usuario, la farmacia puede ser uno de los lugares donde aparezca una primera señal de alerta.

Lo importante es saber reconocerla y ayudar a que esa persona llegue al profesional adecuado.